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Diluida

En el día a día, diluida en la pandemia, en la pareja o en la maternidad. Así me he sentido, por allí hemos pasado todas, nos hemos sentido alguna vez. Y si no, pues ¡Celebremos tu suerte!

Diluida es una sensación al abrir los ojos, en la madrugada, a las 5:00 am. o antes, que te advierte de ti, que te dice en dónde estás, es sentirte en todo, pero no sentirTE. Las buenas noticias serán siempre que sale el sol, un nuevo día, y estar VIVA, que siempre está la verdadera posibilidad para vivir este estado de ánimo (que no es emoción)

La sensación diluida es líquida, no se muestra, no se palpa, se escurre entre los dedos, y aunque la hayas vivido, nada te hace inmune para no volver a transitarla. 

¿Con qué se come esto? Te nombro algunas realidades para que juntas podamos verNOS. El enamoramiento implica un tanto de esa naturaleza líquida, efecto o consecuencia de esas ganas de pertenecer al otrx, él unx con el/la otrx, hasta que se materializa y entonces cada ser hará lo propio, y generará en el mejor de los casos, la danza, el momento de bailar , y tomar turnos, al ritmo de unx o de otrx. Sino se corre el riesgo de perdernos no sólo en las caricias, en los labios, sino en el cuerpo, y soltar nuestra alma, con sus sueños y anhelos.

Otra realidad en la que nos diluimos, la lactancia. Para las que somos madres AMAmantar no es sólo dar leche. Mariela Michelena, piscoanalista, lo expresa muy bien en su libro  #UnAñoParaTodaLaVida: El bebé mama “una actitud, un gesto, una manera de encarar la vida. El bebé mama un estilo de ubicarse en el mundo, unas costumbres (…) Mama las historias de sus progenitores y el bosquejo de su propia historia (…) Mama el sonido exacto de una voz, un idioma, un acento y una lengua materna.” En mi caso debo reconocer, mirando hacia atrás, que no fue fácil el duelo por dejar la lactancia, ese encuentro que dejamos atrás, una primera vez con Bernie y otra vez con Alma.

A veces estar diluida, es simple confort, se permanece plácidamente. Yo he pertenecido a ese binomio mamá-bebé,  un todo. Mis hijas allí me entendían,  y ellas fueron dueñas de todo, de mí incluida, y yo intuía todo lo que ellas, incluso con sus diferencias, querían. 

Citando #UnAñoParaTodaLaVida por un tiempo vivimos esa pequeña locura donde se transforma  “el ser más dependiente de la tierra en el dueño del mundo”. Para ello hace falta “una mamá entregada, esclavizada, enamorada, cercana y disponible, una mamá que se siente completa gracias a su bebé y que esté dispuesta a hacerle creer que eso que él imagina es verdad.” Por otro lado; “hace falta también un papá que cuide y proteja esa pareja madre-hijo. Un papá que esté enamorado, esclavizado de esa pareja o, al menos, no demasiado celoso”.  Recuerdo amorosamente esa primera maternidad con muchísima felicidad, bienvenida y deseada. Compartimos en trío, y luego en cuarteto, esa teta.

Yo me entrego a esta experiencia de ser mujer y madre sin saberlo todo, dispuesta a aprenderlo todo, como todas, mas si intuyendo, lo mucho que tenemos que comprometer en esta labor de ser MADRE: las horas de trabajo, las salidas, el café con las amigas, el gimnasio, la peluquería, un viaje, que aunque estemos en pandemia, siempre tenemos la aspiración de un largo etc.  Está científicamente comprobado que incluso la capacidad de atención y memoria disminuyen, pero por otro lado aumenta la creatividad, la resislencia, la capacidad de amar y crear.

En aquel entonces de AMAmantar, como hoy en tiempos en refugio en MATERNIDAD, entre el homeschooling, el teletrabajo, dónde a escala mundial según ONUMUJERES, las mujeres hacemos el triple del trabajodoméstico y de cuidados no remunerados que los hombres,  sentirme diluida me lleva a la misma pregunta ¿Volveré a ser la misma? Aunque pareciera obvio, pues emocionalmente levanta angustia y miedo. La respuesta sencilla es NO, nunca somos ni seremos las mismas. Ningún SER más allá de su género, es el mismo de manera permanente. La pandemia nos ha puesto a sentir, a ser vulnerables frente a realidades de profunda reflexión sobre la violencia, la educación en niñas, los femicidios y hasta la trata de personas. El resultado de lo vivido, por más desordenado, convulso, cambiará el colectivo.

¿Y en ti qué pasa en lo más íntimo? La respuesta a cómo voy siendo o seré no la tengo, ni la tenemos,  es un misterio que se encuentra en la polaridad del mismo estado líquido, en la fluidez. Saberte fluida y en confianza de que este estado es transitorio, y que si miras bien, encontrarás en ti TODO, lo que realmente necesitas, y sino la situación en la que sientes te pierdes entre los dedos, te traerá el aprendizaje necesario para que realices esa expansión, regreses a ti distinta, diferente y con las reflexiones necesarias.

Hasta hace unas semanas yo me sentía que surfeaba la realidad en refugio, pero mirando hacia atrás había un aire de comodidad, de saber cómo hacerle frente a los retos de la pandemia. Pero tranquilos, que MAESTRA VIDA, siempre viene con más, para que te revises, para que no te fundas o diluyas, para que escuches tu alma y despiertes entre sueños, y en esa realidad misma VIVAS el aprendizaje, dándote el mayor poder: tu VOZ.

En una conversación con Joyce Garber, canal de consciencia, ella nos invitaba a “buscar en tu mochila” que no se trata en revisar tus cargas y experiencias, sino en encontrar en tu mochila personal, porque tu alma vino con todos tus talentos, y todo lo necesario si eres capaz de mirar que tu VIDA es DIGNA, y abrazas tu GRANDEZA. ¿Te escuchas? Yo aquí NOS siento.

Ingrid Serrano Duque
Creadora de la Pijamada Amor Propio y de @sinmentemindfulness. Comunicadora, Locutora y Actriz. Consultora, Asesora y Facilitadora de Talleres a nivel organizacional. Licenciada en Comunicación Social de la UCAB, con post-grado en arte y comunicación en la Universidad de Melbourne, Australia. Certificada en Mentoring en el 2020 con el Grupo Inested Internacional avalado por la UPEL. Locutora de #QuedándoseEnCasa y @queeslopeorquepuedepasar.