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Mamá pone el cuerpo

Mate González Jaime

Copywriter, storytelling emocional #MamaDe2

La semana pasada mi hija de 9 meses se enfermó por primera vez…

Solo quería la teta de mamá. Los brazos de mamá. El regazo de mamá. El aliento de mamá. El arrullo de mamá. La respiración de mamá. 

Y mi hijo mayor de 4 años también quería la voz de mamá. Los oídos de mamá. Los brazos de mamá. La presencia de mamá. La mirada de mamá. 

En ese momento entendí que mi cuerpo físico ya no me pertenece por completo. Y caí para atrás como Condorito con un sonoro PLOP. 

Sí, fue hasta este momento de tanta demanda física que me di cuenta que uno como mamá siempre siempre está poniendo el cuerpo. 

Desde el primer momento, en el encuentro con papá, pones el cuerpo para de la “nada” crear esa vida. Semana a semana, tu cuerpo se vuelve más un nido que está enfocado en incubar al bebito en cuestión.

Al momento del nacimiento, el cuerpo de mamá se abre en dos para dar paso a la vida. El alumbramiento del bebé necesita una rendición absoluta del cuerpo materno, es un trance.

Y si pensabas que después de dar a luz recuperabas la propiedad de tu cuerpo… piensa que luego viene la lactancia. 

La “santa teta”, como le llamo, es el acto máximo de entrega sostenida del cuerpo. Te rindes a los deseos de alimento físico y del alma de tu cachorro,  sin hora ni fecha en el calendario. 

… así vamos las mamás por la vida, poniendo siempre el cuerpo para contener a nuestros hijos. Piensa, ¿cuántas veces el abrazo de tu mamá no ha sido puerto seguro?