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Un viaje a lo femenino: ¿Qué es ser mujer? ¿Cómo luce una mujer? ¿Qué debo y no hacer para ser/parecerme a una mujer?

No se nace mujer, se llega a serlo, dijo en algún momento -palabras más, menos- Simone de Beauvior. Y esa frase, ahora que soy adulta, resuena muchísimo en mi cabeza.

Nací en Caracas un diciembre del 89’ y mi partida de nacimiento reza ‘’fue presentada una niña hembra de nombre Beatriz María’’. 

Desde ahí, marcaron este viaje, este camino. Se me asignó pues, un género. Se espera de mí que sea una m-u-j-e-r, con todas las letras y los constructos que esto trae. 

Resulta que, terca y contradictoria, punketa y rebelde, decidí pelearme con ciertas cosas que asociaba a lo femenino: el rosado, la sutileza, lo delicado, lo ‘’girly’’, lo ‘’de jevita’’. Quizá es que me sentía más identificada con mi papá, el DT, o que esas cosas me asustaban. Eso sí, siempre jugué Barbies pero amaba el fútbol, tenía puros amiguitos varones, las niñas y sus intereses no me hacían click. 

Con el pasar de los años, empezó esta guerra interna, una batalla constante por responder ¿qué es ser mujer?, ¿cómo luce una mujer?, ¿qué debo y no hacer para ser/parecerme a una mujer? 

 Beatriz Batita González.

Batallas infinitas con la imagen corporal. Siendo bajita, rechonchita, con ortodoncia y aparatos, fui Betty La Fea mientras pasaban la novela en televisión nacional. Jamás me reconocí en ‘la madrina del salón’, jamás fui la chama bonita a la que le pedían el empate, siempre fui la eterna mejor amiga, a la que le pedían ‘’la segunda’’ para conquistar a la verdadera jevita del salón.

Y así, crecí, dejando de lado esas cosas que, en teoría, me harían mujer. Mujer en el sentido simplista y casi casi sexista de la palabra: dejé de lado ese ‘sentirse deseada’. Y asumí pues, que yo era más bien un perro verde. La rara. La pana. La galla. La simpática.

 Beatriz Batita González.

Luego llegué a la industria del entretenimiento. Y alto ahí, no crean que es que tengo mi propio E! True Hollywood Story, pero trabajo/me muevo en un ambiente de radio, teatro, cine, rock and roll, televisión. En el meollo de las mamis, las bellas, las misses… las que sí están buenas, a las que admiran. E hice TODO por pertenecer. 

Subir, bajar de peso, vestirme de tal o cual manera, cortarme el pelo, teñirlo. Ser rubia, platinada, pelo turquesa… Nombra cualquier cosa, que la hice. Porque quería encajar. 

En una radio donde cada vez pesaba más el número de followers y el estereotipo de la mami 2.0 cobraba terreno, estaba clara que ‘mi inteligencia’ no podía ser mi único gancho. Y otra vez la guerra. La comparación. El constante cuestionarme desde lo femenino.

¿Por qué no soy como ella? ¿Por qué no luzco cómo ella? E infinitos secretos y confesiones. Desde el tinte, hasta el vestido pasando por el bótox por ‘la migraña’. Y seguía sintiéndome cucaracha en baile de gallina.

Yo peleaba con la mujer que habitaba dentro de mí porque no la entendía. No la reconocía. Y le huía a los colores, a los estampados, a las flores, a lo cursi. A ‘’lo de jeva’’. Y me aferré como a una tabla de náufrago a esa BATITA ANARCOPUNK que ‘’no le importa su imagen porque yo soy demasiado…’’ inserte aquí todos los adjetivos que usaba para justificarme.

Pero al final del día, llegaba a mi casa, a mi cuarto, a mirar cientos de referencias de ‘’lo que verdaderamente quería ser’’. A compararme. A soñar con las cosas con las que ‘’una mujer de verdad sueña’’.

Y decidí colgar los guantes. Y rendirme.

Así como lees: rendirme.

Entendiendo que esa rendición no viene desde una arista derrotista o de perdedora, viene de un lugar que atesora toda mi valentía, mi corazón.

Y es desde ahí donde hoy quiero comenzar a transitar este viaje. Un viaje donde abrazo a BATITA y la honro, la protejo, la defiendo con uñas y dientes, de ella y de quién sea…

Un viaje que me lleva a BEATRIZ, a la mujer. A la dualidad de saberse/sentirse y por qué no, CREERSE MUJER. 

Comienza admitiendo que sí, que soy una mujer y que celebro serlo. Con mi mente, con mi cuerpo, con mis sentidos. Y que empiezo finalmente a sentir, a pensar, a dejarme llevar.

 Beatriz Batita González.

Pijamada Amor Propio
La Pijamada Amor Propio crea y conecta experiencias de vida a través de un encuentro poderoso de mujeres, donde cada una ES, libre de juicios, sin drama y sin culpa.