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Vamos a querernos BIEN

El amor es una materia pendiente. MI MATERIA PENDIENTE.

Y lo admito, sin pelos en la lengua, he querido a un gentío -sí- pero eso de AMAR, como que se me resiste.

Y así he ido, saliendo y entrando de la vida de la gente, creyendo siempre que sería ‘la persona sustituta’ y que a mi NADIE iba a amarme.

Sí, así de rotundo y contundente. No en vano somos historias y somos los cuentos que nos contamos para dormir, para no tener pesadillas… para CREER.

Y en esa narrativa yo no me consideraba DIGNA de ser amada. O valiosa. O ‘lo suficiente’, entonces me quedaba en esa especie de tierra de nadie donde el amor no fluía ni permanecía mucho tiempo.

Lo agarré en tono de joda. La mujer tsunami, me decía un gran amigo, haciendo énfasis a que era algo digno de ver, ‘de vivir pa’la crónica’ pero que MUY pocos tienen la fortuna de experimentar en la vida, de vivir para contarlo. Se requiere mucha valentía para vivir en zona de Tsunamis. 

Pareciera, pues, que hay muy poca gente dispuesta a vivir en estos sitios. A quedarse. Echar raíces.

Y yo, me convencí que eso era así. Que era difícil amarme. Entonces aceptaba cualquier cosa y justificaba MUCHÍSIMO mi soltería. 

Pero dentro, en lo profundo, sufría montón. ¿Por qué nadie se queda? ¿Por qué nadie me elige? ¿Por qué no soy yo ESA mujer a la que amar?

Y creía que había hecho el trabajo interno SUFICIENTE. Idas a terapia, practicar el desapego, alejarme del timo-mito del amor romántico. Pretender estar BIEN. DESAPRENDER COSAS… soltar amarras.

Beatriz Batita González

Y juré estar lista. Y no tener miedo. Y escuché que alguien me dijo que le gustaba. Y qué le parecía valiente. Y vaya que me aferré a esa posibilidad como quien se agarra a su tabla de náufrago. 

Y lo creí. Con vehemencia. Y me convencí que sí. Durante 547 días.

Hasta que entendí, de verdad, lo que ocurría. Esa persona no sabía amar. Ni mucho menos amarme porque yo no me amaba. Porque yo no entendía mis necesidades. Porque yo era incapaz de amarme en voz alta y sin temor. Porque yo no ponía sobre la mesa mis pensamientos, sentimientos, emociones. Callaba por temor a que se fueran. Y me marchité. Y dejé de ser yo. Y al caerse esa máscara… la realidad estaba ante mí: jamás iba a quererme. 

Yo aún no me he amado lo suficiente, no me he visto con bondad, no he entendido lo que ME CORRESPONDE y lo que NO ME MEREZCO.

Y de merecer va esto, hoy aprendí gracias a mi doctora Carolina Ruiz que LA MUJER ES UN REGALO. Y que nos amarán EL TIEMPO QUE NOS MEREZCAN. Cuando eso deja de ocurrir, hay que irse.

Si nos merecen para toda la vida, esa personx es MARAVILLOSA, tanto así que merece nuestro regalo, el regalo valioso que somos, para hacerle compañía…Si no, hay que irse. Soltar amarras.

Por eso es importante mirarnos, con fe, con AMOR. Sabernos ese REGALO. Ese compendio de virtudes -y defectos- que vino para ACOMPAÑAR al otro. Para acompañarnos.

El hombre ya estaba hecho, le toca seguir haciéndose, reconstruyéndose, haciéndose MERECEDOR del regalo que somos.

Mientras eso ocurre, yo hoy, me asumo como lo que soy:
UN REGALO.
VALIOSO.
HERMOSO.
Que merece SER AMADA.

Beatriz Batita González

Pijamada Amor Propio
La Pijamada Amor Propio crea y conecta experiencias de vida a través de un encuentro poderoso de mujeres, donde cada una ES, libre de juicios, sin drama y sin culpa.